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lunes, 10 de enero de 2011

Arvejas


Cuando era chica, mi mamá me decía que en todas las latas de arvejas había una más oscura, entonces cada vez que abría una lata, mi tarea era buscarla y sacarla. Yo no me preguntaba como sabía eso, para mi era una realidad, algo que  sucedía sin excepción por alguna razón particular que solo ella conocía. Buscaba esa arveja entre todas las arvejas verdes y brillantes, no como algo feo o que estaba en mal estado, era mi hallazgo y la comprobación de su certeza, como un tesoro, sólo una, ahí estaba. 

Hoy mientras cocinaba tuve este recuerdo, cuando me encontré buscando y separando la arveja oscura de la lata, algo que hago siempre,  sin darme cuenta... Porque Ella tenía razón, siempre hay una, y me encanta comprobarlo.

Será que hay ciertas fechas donde se me dá por extrañar un poco más... 

Y que lindos son esos pequeños recuerdos.

lunes, 2 de agosto de 2010

Amor para leer

Hoy tenía otro post programado, uno de esos escandalosos y llenos de tonteras, pero me pasó algo muy fuerte que no puedo dejar pasar.

Hoy estuvimos con mi hermano ayudando D, mi papá, a ordenar algunos papeles viejos. 
Mi papá es un hombre grandote y de apariencia recia, pero lo que no mucha gente sabe es que es muy sensible, claro, salvo por lo de grandotes nos parecemos muchísimo.
  
Ni bien empezamos, mi hermano se avalanzó en una caja de libros que no veían la luz quien sabe hace cuantos años, una gran biblioteca "zurdita"... así que yo y mi papá empezamos con los papeles.

"Hagamos esto rápido, no te pongas a jugar" y me tiró una caja llena de sobres con postales y esas cosa de antes y me dijo: "mirá esto, bah no sé, tirá todo"

Yo, que muy pocas cosas tiro, empecé a revisar sin llamar mucho la atención. Encontré la invitación al cumpleaños de quince de mi mamá, una foto carnet de él y la tarjeta de casamiento de ellos. Después muchas otras cosas que efectivamente tiré. 
Entre cartas y papelería, reconocí la letra de mi madre, que aunque las dos zurdas, no se  parece en nada a la mía. 



Muy pocas cosas conservo escritas de ella, pero reconozco muy bien su letra (como algo casi intuitivo) siempre me emociona encontrar cosas de ella, sobre todo escritas, aunque sean recetas de cocina, pero nunca imaginé lo que había encontrado. 

Mirando las cartas por arriba, noté que eran cartas entre ellos, algunas  de la época de novios, de cuando él estaba en la colimba, y otras de cuando yo y mi hermano eramos muy chiquitos y D viajaba para trabajar en el sur.
Así que rápidamente empecé a separarlas, y aunque no le dije nada, mi papá,se puso un poco nervioso y se fue a hacer algo en otro lado. Nunca deja de sorprenderme lo mucho que la extraña después de más de veinte años...(estoy segura que sabía que estaban ahí y por eso me dió la caja)

Ahora tengo una en la mano donde ella, con su letra redonda y parejita, lo despide:
Te ama, te besa y te acaricia, tu Tina...

No sabía que él le decía Tina, o tal vez lo olvidé,  las cartas de él, están  tachadas, remendadas, casi ilegibles y toscas, pero en todas firma Tuyo... Que palabra tan corta y que dice tanto.

Y a decir verdad, me movilizaron tanto que todavía no me atrevo a leerlas...  sin dudas, acabo de encontrar mi mejor tesoro.



lunes, 19 de julio de 2010

Charla de chicas IV

Con V nos criamos juntas y aunque somos muy distintas tenemos ese gustito a conocernos de toda la vida que nos hace disfrutar mucho el tiempo que pasamos juntas, aunque suele ser muy poco. Ella, que ya pasó más de la mitad de su vida junto a su marido, con dos niños, y una vida de esas súper tradicionales, me insiste en que le cuente cosas:



- Pensá que yo ya estoy en la parte del matrimonio que tengo que innovar y vos?Dale contame algo...

Mi vida no es una locura de emocionante, pero por desprolija en lo sentimental, en comparación es bastante. Así que paso a contarle algunas cosas, con un dejo de culpa y de desgano.

- De que te quejas!, me increpa, disfrutá querés...disfrutá. 

- Bueno, tampoco es que la paso tan mal... nada más a veces quisiera un poco de tranquilidad, lo clásico, que alguien te espere, no andar tan veleta, sin tantas idas y vueltas. Está todo bien, pero a veces agota. 

- Pero mi vida que te crees que es? Agotadora... Mirá, relajate, y buscale la parte positiva y divertida, que seguro la tiene. Es la vida que tenemos, porque tomamos decisiones que nos trajeron hasta acá. Y hay que aprender a disfrutar con lo que hicimos de nosotras. 

- Si.. pensándolo así... 

-Tendríamos que hacer como esas películas bobas hollywoodenses, y cambiar de vida por un tiempo.

-Así las dos nos damos cuenta de que nos queremos quedar donde estamos...

- Claro... Yo salgo con tus chongos y vos me cuidas los indios.

- Si yo te prometo que a tu amor no me lo garcho*.

- Me lo devolvés en diez minutos... 

- Vos por mi parte, hace uso tranquila.

-Pero mirá que después de dos partos van a tener que laburar...

- No te preocupes, ya se a quien encomendarte... 

Y fuera del guiño gracioso de nuestra conversación (que fue mucho más larga que eso, pero entre edición y mala memoria quedó así) lo curioso es que ella siempre me tiene a mi como la intelectual y compleja. Dice que hablo de cosas que no entiende, y sin embargo, cada vez que hablamos, ella liviana como se cree, me tira unos palos que me deja pensando varios días, claro que ni se da cuenta. 
Eso si, aunque ella es la Susanita, la que obligadamente tiene que cocinar cada vez que nos vemos soy yo... 

* Del verbo Garchar. Cabe aclarar, ya que hace algunos post atrás hubo algún sorprendido ante el uso de palabra semejante salida de esta lady, que soy casi un ser humano, y como tal cuando hablo digo cosas como GARCHAR y a veces casi que soy muy mal hablada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Cita tres: El novio (de otra)

Y la verdad, pasó hace tanto y fue tan rápido que no recuerdo su nombre. 


Chat otra vez, una charla interesante, alguien que decía estar chateando de casualidad y no estar muy acostumbrado, si claro, dije yo, a lo que me pareció un típico discurso caballito de batalla. 
Hicimos la pasada técnica de charla personal, y lo que más recuerdo es que entre los temas que tocamos, hablamos sobre trajes italianos, y en especial sobre el corte de los pantalones italianos que es distinto a los de acá. Obvio, me encandilé, no nos olvidemos cual es mi profesión (o en ese momento intentaba ser) y antes que el teclado se llene de babas arreglamos para vernos.
Yo en ese momento era estudiante, así que acordamos vernos por Belgrano, lugar que me quedaba muy cómodo para después asistir a clase (nunca fui la más aplicada, pero era una excelente excusa para irse si era necesario)
Y me encontré con un hombre, atildado y bello, nunca fueron las cualidades que más me gustaron en los tipos, pero puedo apreciarlos, y este era por demás interesante. Además me llevaba unos años y eso si suele ser una característica que me cuadra.
Fuimos a un bar, tomamos algo, y después caminamos (acabo de notar que siempre en mis citas a ciegas hay caminatas, debe ser pare de mi modus operandi) 
Caminábamos cuando me dijo tener que contarme algo, y si hay una frase que seguro viene seguida de una confesión desafortunada es esa.

Ahí me dijo que tenía novia, y estaba organizando su boda. Que en realidad estaba asfixiado y las cosas lo habían llevado hasta ese punto casi sin decidirlo, que no sabía como hacer, y que creía que por mi experiencia no tan lejana podía encontrar en mi alguien que lo ayude a solucionar esta situación. Que yo era una bocanada de aire fresco y bla bla...

Y digo bla bla, porque no había terminado de hablar, cuando yo vi que venía a eso de unas dos cuadras el colectivo que debía tomarme y rápidamente le expliqué, que yo ya tenía mucho con mi historia, que había sido bastante fuerte cancelar una boda y dejar dos familias consternadas, como para cargarme con otra más. 
Y que a todo esto, a mi no me había hecho falta nadie... 

Por supuesto que le dí un beso de cortesía, se lo merecía por churrazo, subí rauda a mi transporte... y huí....

Hablamos esa misma noche, cuando yo todavía estaba en la facu, pero la verdad, ni recuerdo de que...

domingo, 2 de mayo de 2010

Cita dos: El sexo

O no se puede vivir sólo de té y literatura



Seguimos más o menos por la misma época de la cita anterior. Con L, me quejaba de la vida, de mis ganas de no casarme, y de todos esos etcs. 
Por otro lado, volvía a ser una joven soltera, después de seis años, y habiendo sido mi novio el único hombre entre mis sábanas. 
Sin querer criticar a el que fuera mi primer hombre, digamos que estando moldeada totalmente a su medida y en una relación que no estaba nada bien, me encontraba algo así como aburrida, creyendo ingenuamente que todo terminaba y empezaba donde yo conocía. 
Situación de la que agradezco nunca más haber vuelto a sentir y de la que me ocuparé personalmente no vuelva a ocurrir, JAMAS. 
Atraída tontamente por un poco de seducción básica, contenta  como con juguete nuevo después de tantos años sin histeriqueo, mi segunda cita ciegas, tuvo todos los condimentos esos que se dicen para que una relación sea explosiva. Completamente distintos, no hacíamos más que encontrar diferencias irreconciliables, eso sumado a un poco de culpa por mi parte, fue todo lo que hizo falta para la que fue, la primera gran calentura de mi vida (por suerte después hubo otras).
Cuando teníamos sexo las peleas no existían y recuerdo haber pensado para mi, "Así que así era esto?"... 
El, rubio de ojos claros, no era lindo, pero los lindos nunca fueron mi tipo. Bastante cheto, un poco canchero, (nunca hubiera salido con alguien que tuviera control remoto en el auto, por dior!) yo no hacía otra cosa que mofarme de sus actitudes. 
Salimos unas cuantas veces, tuvimos mucho sexo, y alguna vez intentamos hacer cosas de gente que intenta tener algo, como cenar o ir a cine, fuimos hasta Haedo donde estaba el perfecto sistema de sonido para ver, Stars Wars, películas de las que era fan, y que en cambio, yo nunca hubiera visto. 
Le molestaba un poco que yo le arrugara la ropa (es el día de hoy que si se dá la situación, prefiero la cosa de la ropa por el piso), por lo que en cuanto podía la juntaba del suelo y la acomodaba. Con esa actitud, se ganó mi apodo de tintorero y un día  después de tantos choques, me encontré puteando mientras hablaba con él desde el colectivo y ahí decidí no verlo más.

Un tiempo después no se cuanto, pero mucho tiempo depués, volvió. Hay algo, una sóla cosa en la que todos los hombres de mi vida se parecen, siempre, pase mucho o poco tiempo, alguna vez vuelven o al menos lo intentan. Cuando volvió, yo estaba sola, y el recuerdo a la distancia no era nada malo. Entonces salimos una vez. 
Fué un total  fracaso. 

Ahí me dí cuenta que su principal virtud era haber estado en el lugar indicado, en el momento justo...


Nota al pie: De todas formas, creo que esa no fue la primera cita.  La cita a ciegas real, sólo duró una media hora, y no más porque yo, todavía estaba de novia, y como acostumbro, salí corriendo. 

jueves, 29 de abril de 2010

Cita uno: El amigo


Noche de bodas a ciegas



La cuestión es que allá, hace como diez años, yo estaba en esas cosas de no querer casarme y bastante confundida. Gran noticia tengo internet, y en las charlas con desconocidos un gran escape para mi alma de novia fugitiva. 
En ese momento los blogs no existían pero si las salas de chat, y ahí conocí a L (click). No recuerdo cuanto tiempo pasó pero chateamos mucho, después nos mandamos muchos mails y terminamos hablando por teléfono noches enteras. Así pasaron varios meses en los que yo, entre otras cosas, me separé (click) 

Un día nos conocimos, en una plaza, él,  flaco y altísimo, desgarbado y muy especial. Nos sentamos en un banco y hablamos como si nada, horas y horas... Hablamos de todo lo que creíamos saber con esa pesadez de quienes sienten que han vivido todo , sensación de la que ahora nos reímos mucho. 

Se nos hizo costumbre vernos, pasar las noches hablando, leyendo y tomando té en un barco muy pequeño que tenía su familia. Ahí amarrados, sin siquiera alejarnos del muelle.
Una noche de noviembre, los jazmines cubiertos de flores perfumaban todo el aire.  Caminando por el club encontramos un árbol que tenía unos nombres tallados con un corazón y una fecha, se notaba que estaba recién hecho y nos reímos del exceso de romanticismo, para nosotros un poco demodee. 
 La fecha  tallada era ese mismo día, y en cuanto la leí, me dí cuenta de que ese día, era justamente el día en el que debía estar casándome. 

Así es que recuerdo esa noche, la noche que pasé mi noche de bodas con L, mi primer cita a ciegas... 

Esa noche L me regaló un jazmín, que yo todavía guardo en una cajita de cigarrillos.
De mi no boda, sólo me quedan las alianzas. Por eso la foto, con los dos recuerdos que conservo de esa noche.


Notas al pie: Para desilusión del morbo de todos, no hubo sexo en mi "noche de bodas" Y aunque es una amistad que no suelen tolerar las parejas del momento, ni esa noche ni nunca tuvimos nada con L.  Seguimos siendo amigos, aunque pasamos años enteros sin vernos, y siempre que nos vemos, es como si nada... y tomar té, y hablar, horas y horas.... 


Y estreno Tag con esta saga. Exceptis excipiendis, exceptuando lo que hay que exceptuar, porque no es cuestión de andar contando de más...

martes, 5 de enero de 2010

La magia de mis reyes

Obvio que hoy tocaba foto de zapatitos...
Ahí están los mios, esperando a los reyes...


Esta noche es noche de reyes.
Los reyes siempre me cayeron bien, y aunque sé que no existen, todavía me dan ilusión de niña.
En mi casa, siempre se le dió mucha importancia a la llegada de los reyes, tal vez por ser un evento más de la casa y no tan multitudinario como la navidad. La cuestión es que la noche anterior, siempre armábamos todo para esperarlos.
Lo que yo no supe hasta que fuí más grande es que lo que se estilaba en mi casa no era exactamente lo que hacían todos.
Los zapatos, en la puerta de la habitación. A veces un poco de pasto y agua para los camellos... y lo infaltable, la cerveza para los reyes bien fría en la heladera...

Siempre preguntábamos o insistíamos con mi hermano:

- Pero no es mejor dejarla al lado de los zapatos? Y si no la encuentran?

Y ellos siempre nos decían:

-Ustedes no se preocupen, dejen la botella en la heladera, para que esté fria, ellos la van a encontrar...

Y claro, a la mañana, capaz el pasto estaba ahí, pero la botella, siempre vacía...

Y de grande comprendí, que esa era la magia de mis reyes, esa ceremonía privada donde se levantaban a mitad de la noche, tomaban cerveza y nos dejaban los regalos en los zapatos de puerta...

Desde niña supe que mis papás no eran de lo más tradicionales... ahora de grande adoro sus pequeñas excentricidades. Las noches de reyes encanta saber que mientras otros tiraban pasto o volcaban el agua, mis papás tomaban cerveza...



domingo, 13 de diciembre de 2009

La cartita

El turco era un compañerito de primaria (claro que en esa época no le decíamos el turco). Eramos muy amigos y muy chicos, él era de esos nenes buenos que no traen problemas, muy buen compañero y demás.
Después se cambió de colegio y no nos vimos más.

Hace un tiempo lo encontré cuando iba con R a tomar un helado, él enorme y excesivamente musculoso me miró y se sonrió. Yo tarde en reconocerlo porque estaba muy cambiado por tanto anabólico y barba dibujada (en realidad casi no recuerdo el nombre de ningún compañero de primaria ni de secundaria). Nos saludamos, hablamos un poco y no pude dejar de hacer un comentario sobre su cambio de imagen del que parecía muy contento...

Yo tomo mucho helado pero es muy raro que vaya a la heladería, soy más del teléfono, por lo que volví a verlo casi al año, en otro arranque de helado con caminata nocturna que nos agarró con R.

Cuando me vio me saludó, yo hice la sonrisa clásica de saludo y sigo por mi helado. Pero vino y me dijo que tenía algo para mi. Sacó del bolsillo una cartita, en perfectas condiciones (ni mis abuelas guardan así mis dibujos) era una especie de carta de amor que habíamos escrito para él en conjunto con una compañerita.

El primer sentimiento que me dio fue emoción, por recordarme niña y con mi amiga (con la que compartimos la infancia) que eramos tan unidas que hasta escribíamos cartas de a dos. Él mientras tanto hablaba bastante ansioso y con actitud de héroe, pero nada que valga la pena recordar.
Después dijo algo así como , Que loco esta carta debe tener unos 15 años... (yo hace 15 años tenía 16, y esa carta era como mucho de los 8 años) A lo que R, ya un poco ofuscada por el monumento anabólico sensible que no le dejaba pedir su helado espetó: 15 años!!! perdón pero nosotras hace 15 años teníamos las manos ocupadas en otras cosas como para escribir cartitas... y yo suavizando y aplaudiendo a mi amiga le explique que esa carta tenía más de 20 años. Y que viejos estamos.
Inmediatamente empecé a pensar en que yo no iba nunca a la heladería y como era posible que tuviera esa carta tan a mano. Ante mi cara de asombro (recordemos que soy un poco paranoica y realmente se me nota en la cara) se excusó diciendo que la semana anterior había llamado a la heladería y por eso la recordó y la llevaba al trabajo. Igual no pude dejar de pensar que podía haber estado meses enteros con la carta en el bolsillo y no dejaba de parecerme raro.
Por suerte con R hicimos una maniobra y pudimos escapar rápidamente.

Varias ideas me quedaron después de semejante anécdota:

- Debo carecer de algún gen sentimental, (la verdad nunca siento ese tipo de añoranza y no tendría ese tipo de gesto)
- Un poco de tranquilidad porque tanto R como mi amiga de la cartita (que obvio la llamé para contarle) opinaron que el tipo era psicópata o un pelotudo.
- Los vendedores de helado deben tener mucho tiempo libre.
- Por las dudas no le pregunto que gustos de helado pido más, porque me puede asustar su respuesta.
- Creo que voy a ignorar su solicitud de amistad en toda red social que se me presente.
- Y por ultimo un consejo: Nunca dejen que sus hijos tomen anabólicos!



domingo, 6 de diciembre de 2009

Con las manos sucias


Hoy encontré un dibujo que había olvidado, olvidado como la sensación de dibujar. Me costó reconocerlo mío, me costo recordarme dibujando.
Hice memoria y empecé a extrañar, el olor de las tizas, esa sensación que te rechinan un poco los dientes pero me la aguanto. El papel misionero, empezar desde el borde inferior derecho, porque soy zurda pero igual me ensucio. Mis pinceles preferidos, las manos sucias, los dedos para sombrear, uno para cada color. Las hojas rugosas, el olor al spray fijador, los dibujos grandes. La gente que se hacía la distraída en el tren y posaba. Las témperas, los acrílicos, las acuarelas, pero nada iguala mis tizas sucias, ni siquiera mis crayones acuarelables prósperos que pude comprarme cuando ya casi no pintaba más...
Y busqué mis cosas, encontré una caja de tizas atadas con un hilo guardadas como un tesoro, y varias latitas con algunas tan chiquitas y mezcladas que apenas se distinguía el color.

Ahora el vértigo... mis manos recordarán como era?

miércoles, 28 de octubre de 2009

Borges en la cama


Me encanta que me lean, escuchar leer. Me gusta también leer para otros, como un gesto de cariño.

Él a veces me leía. Y en la misma cama donde había pasión, también había lectura. Cada uno con su libro, disfrutábamos compartir el momento de leer en silencio, y cuando alguno encontraba un párrafo interesante lo leía en voz alta.

Él siempre empezaba varios libros a la vez, yo no. Entonces cuando yo no tenía libro empezado, me leía. Casi siempre era Borges, al azar, cualquier tomo, cualquier hoja.

Eso fue hace mucho.
Hace mucho que no lo extraño, aunque lo extrañé mucho tiempo.
A veces, todavía nos extrañamos un poco, pero es distinto, es extrañar de como estará? y no de romance y recaída.
Nada más que hoy, no tengo libro empezado.
Y extraño a Borges en la cama...


La imagen es de Paula Cala, La cámara lúcida, amiga de la casa y de muchos de ustedes!


domingo, 18 de octubre de 2009

Ayer y Hoy



Por tu manos pequeñas
por tus ojos grandes
tus dietas interminables
y tus uñas rojas.
Porque recordarte me salva si estoy mal.
Porque me hace feliz que otros te encuentren en mis gestos
porque me enseñaste del amor
porque ya hace mucho que no estás
pero me dejaste la mejor compañía
porque tu recuerdo es lo más valioso que tengo
hoy sólo puedo extrañar...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Las no bodas de plata




Pasaron diez años. Lo recuerdo perfecto. Él dijo:
Llegué yo, dejá lo que estás haciendo. La famosa gota que rebalsa el vaso. Lo que yo hacía era lo que yo era, lo que yo soy. Novios de adolescencia. Es difícil crecer juntos. Muchos planes, anillos, tarjetas. Muchas dudas, pocos meses. Cuenta regresiva. Darse cuenta, animarse. Antes hubiera sido mejor. Después, sin dudas mucho peor. Tal vez hoy estaría acá escribiendo. Tal vez el camino me hubiera traído hasta acá de todas formas. Sin dudas no sería la misma. Diez años se pasan muy rápido. Diez años muy intensos. Los mejores, hasta ahora. Creo que para él también estos fueron los mejores. Me habrá perdonado? Mucho orgullo, nunca lo reconocería. Él tiene lo que soñaba aunque no conmigo. Yo soy quien siempre quise ser aunque a veces me pese. Una historia para contarle a los nietos. El chiste que me acompañará toda la vida. Maldita Julia Roberts y su novia fugitiva. Él estaba apurado: Tenemos problemas, adelantemos todo. Las viejas de la familia decían: Son los nervios, a ver probate estos zapatitos. Yo pensé: No se supone que debería estar contenta? No era así que lo imaginé. Tal vez ese día me gasté todo el valor que tenía. Ni lo decidí, no lo había pensado, nada más pasó. Un ataque de llanto. Creo que le dije: Yo sé que tal vez nunca nadie me va a querer como vos, pero no es esto lo que quiero. Él no se sorprendió. Patear el tablero. Por todo esto cuesta tanto volver a creer. Empezar de nuevo. Y después? y al otro día? Recuerdo que pensé: Quien soy? No tenía más espejo, ni guía. Crecer. La soledad a veces está bien. Quien soy? Soy estos diez años. Me cuesta reconocerme en esa chica. La que hablaba poco y habló. La que se gasto toda la valentía que nadie pensó que tenía.
Esa es mi historia, la cuento hoy como festejo del aniversario que no fué. La historia del día que dije:

No Quiero...
Imagen: Wael Morcos

domingo, 16 de agosto de 2009

El color del comienzo


EL día que nací las enfermeras que se encargaban de ponerme presentable, cometieron un error y se equivocaron de ropa.
Según D, me habían puesto un conjunto rojo de lana muy feo.
Cuando la enfermera se acercó a mi papá me puso en sus brazos y le dijo:

- Felicitaciones señor, le presento a su hija.

D le respondió:

- Disculpe señorita, muy linda la nena, pero esta no es mi hija.

Pasaron muchos años, y D cambió su profesión para trabajar conmigo, ahora hace ya 9 años que trabajamos juntos, fabricamos ropa.
Esa anécdota de cuando nací, tomo para nosotros otra magnitud, cuando notamos que nuestro primer contacto ya tuvo que ver con las pilchas, que es lo que ahora rige nuestro mundo y mucho de nuestra relación.
Tal vez la conversación ahora podría traducirse en:

- Disculpe señorita, mi hija nunca se pondría eso.

Yo soy de las pocas morochas que creen que el rojo les queda mal, contra el mito popular, no uso ropa roja... Tendrá algo que ver?




domingo, 2 de agosto de 2009

Historia de amor de otros


Una foto que encontré hoy, de gente que hace varios años que no veo me recordó esta historia.

Una noche escuche a alguien cantar una canción que no conocía. La letra era bellísima y el día de hoy lamento no recordar ningún párrafo. La curiosidad me hizo preguntar.
BG la escribió y en contadas ocasiones la cantaba, siempre de forma informal, nunca como parte de su repertorio.
BG es músico, toca la guitarra, canta y escribe. Es bastante reconocido en su ambiente y vive de la música, lo que está muy bien.
Ella canta tango y un poco de folklore, son muy amigos. Como es muy común entre músicos, en ocasiones se acompañan y suelen improvisar canciones juntos en reuniones.
Un día ella quiso cantar esa canción y él se la regaló para que ella hiciera los arreglos y formara parte de sus canciones.

El no volvió a cantarla.


Ella la canta pero sin saber que él la escribió pensando en ella.

Son esas historias sencillas, que uno se cruza a veces en la vida y que abundan en los libros y canciones, conocerlos, sabiendo que son reales es lo que hace especial a la historia.


Foto: http://www.flickr.com/photos/pimpo79/

viernes, 10 de julio de 2009

De olvidos y recuerdos


No tengo buena memoria, me llama mucho la atención quienes recuerdan todo con lujo de detalles. Mi memoria es más bien inmediata, fresca, y por sobre todas las cosas útil. Si es por cuestiones de trabajo puedo recordar cosas que sin dudas es mejor tenerlas anotadas, pero por ejemplo soy incapaz de recordar los nombres de mis compañeros de colegio, hasta los del secundario, hago este comentario aunque sé que para algunos puede parecer odioso, pero es así.
Como si cada tanto desfragmentara la unidad, libero espacio en disco y ya... se borra completamente y en ocasiones es imposible volver atrás.
Mi primer recuerdo es del día en el que cumplí dos años, supongo que si todavía lo conservo es porque fue bastante intenso. Mi torta de cumpleaños tenía una calesita de papel como adorno (todavía estamos bastante lejos de utilisima y las tortas de mazapán) en el momento de las velitas, alguién llegó, eso yo no lo recuerdo pero me lo contaron, y con el viento de la calle el fuego de las velas incendió la calesita.
Mi primer recuerdo es mi padre, pisando justamente el adorno de la torta para apagar el incendio...
Esta es la foto que me ayuda a mantener el recuerdo, sin embargo no es la calesita lo que más me gusta, sino la botella de 7up toda una reliquia y mi gesto, esa sonrisa rara mostrando los dientes... Gesto que todavía conservo...

sábado, 20 de junio de 2009

No tan distintos...


Somos muy distintos, vos soñador y yo realista. Yo frontal y vos todo un encantador de serpientes.
Sos carismático y amistoso, yo en cambio ermitaña. Vos burgués y un poco vago, yo tenaz y un poco austera. A mi me divierte tu levedad y a vos mi humor ácido...
Sos hombre, enorme y delicado, soy mujer, menuda y zorra. Soy práctica como un hombre, sos histérico como una dama...
Me quejo de que en todas tus mujeres hallas el amor de tu vida, vos de que me cueste tanto brindarme. Siempre critico a tus chicas, pero siempre salgo con tus amigos.
Nos entendemos sin hablar y todavía conservamos códigos de niños... Y como cuando chicos me rescatabas cantando comandos azules, mientras yo jugaba a la víctima, ahora me rescatas con consejos para males de amor, porque de eso, te las sabes todas...
En estos meses que nos tocó vivir juntos, ya adultos, te aguantaste mis mañas, y yo tus cosas... pero nos divertimos.
Y como en los tres chanchitos, sabé que siempre hay en mi lugar un lugar para vos, por si se derrumba otro de tus castillos de arena...
Muy distintos, pero en el fondo cada uno a nuestra manera, sólo buscamos que nos quieran.
Obvio te voy a extrañar, por eso te dedico este post...
Suerte en tu nueva casa hermanito.

lunes, 1 de junio de 2009

Charlie's Angel


Me gusta mi nombre. Y aunque algunos los usen para nombrarme, no necesito diminutivos. Siempre me gustó, además cuando era más chica no era muy común y eso también me gustaba.
Como D, mi padre, se dedica a esto de las pilchas conmigo, no es difícil imaginar que la película Sabrina pudo ser inspiración a la hora de elegir mi nombre.
En el mundo de la moda, la figura de Audrey Hepburn es un icono muy presente, y su figura un gran referente...
Pero lo cierto que lejos de la bella Audrey, D eligió para mi ese nombre por Sabrina Duncan, la morocha de los Angeles de Charlie. Gran diferencia...