O no se puede vivir sólo de té y literatura
Seguimos más o menos por la misma época de la cita anterior. Con L, me quejaba de la vida, de mis ganas de no casarme, y de todos esos etcs.
Por otro lado, volvía a ser una joven soltera, después de seis años, y habiendo sido mi novio el único hombre entre mis sábanas.
Sin querer criticar a el que fuera mi primer hombre, digamos que estando moldeada totalmente a su medida y en una relación que no estaba nada bien, me encontraba algo así como aburrida, creyendo ingenuamente que todo terminaba y empezaba donde yo conocía.
Situación de la que agradezco nunca más haber vuelto a sentir y de la que me ocuparé personalmente no vuelva a ocurrir, JAMAS.
Atraída tontamente por un poco de seducción básica, contenta como con juguete nuevo después de tantos años sin histeriqueo, mi segunda cita ciegas, tuvo todos los condimentos esos que se dicen para que una relación sea explosiva. Completamente distintos, no hacíamos más que encontrar diferencias irreconciliables, eso sumado a un poco de culpa por mi parte, fue todo lo que hizo falta para la que fue, la primera gran calentura de mi vida (por suerte después hubo otras).
Cuando teníamos sexo las peleas no existían y recuerdo haber pensado para mi, "Así que así era esto?"...
El, rubio de ojos claros, no era lindo, pero los lindos nunca fueron mi tipo. Bastante cheto, un poco canchero, (nunca hubiera salido con alguien que tuviera control remoto en el auto, por dior!) yo no hacía otra cosa que mofarme de sus actitudes.
Salimos unas cuantas veces, tuvimos mucho sexo, y alguna vez intentamos hacer cosas de gente que intenta tener algo, como cenar o ir a cine, fuimos hasta Haedo donde estaba el perfecto sistema de sonido para ver, Stars Wars, películas de las que era fan, y que en cambio, yo nunca hubiera visto.
Le molestaba un poco que yo le arrugara la ropa (es el día de hoy que si se dá la situación, prefiero la cosa de la ropa por el piso), por lo que en cuanto podía la juntaba del suelo y la acomodaba. Con esa actitud, se ganó mi apodo de tintorero y un día después de tantos choques, me encontré puteando mientras hablaba con él desde el colectivo y ahí decidí no verlo más.
Un tiempo después no se cuanto, pero mucho tiempo depués, volvió. Hay algo, una sóla cosa en la que todos los hombres de mi vida se parecen, siempre, pase mucho o poco tiempo, alguna vez vuelven o al menos lo intentan. Cuando volvió, yo estaba sola, y el recuerdo a la distancia no era nada malo. Entonces salimos una vez.
Fué un total fracaso.
Ahí me dí cuenta que su principal virtud era haber estado en el lugar indicado, en el momento justo...
Nota al pie: De todas formas, creo que esa no fue la primera cita. La cita a ciegas real, sólo duró una media hora, y no más porque yo, todavía estaba de novia, y como acostumbro, salí corriendo.