
Y así como quién no quiere la cosa, todo casi sin darte cuenta.
Un día dejás las bebidas alcohólicas clásicas "de minita" y disfrutás de un buen vino. Y cocinás rico, te gusta agasajar y juntarte a cenar. Acostarte con maquillaje pasa a ser un pecado capital y las cremas se vuelven más pesadas. Capáz, se te empiezan a notar un poquito las líneas de expresión, que te quedan lindas, si, pero el tema es que se notan. Teñirse ya no es un gusto, sino que además tapa algunas canas. Y un día, cuando te estás cambiando, te pones la remera adentro del pantalón, porque no estás gorda y te hace buen cuerpo, "es más elegante", pero nunca antes te hubieras puesto la ropa adentro del pantalón. Y si tenés una cita, capaz elegís una camisa, con mucha onda "de diseño", pero una camisa blanca. Y a tu partenaire* le gusta, es más últimamente, te ponés la camisa blanca porque sabés que "no falla".
Este hacerse mayor, sin delicadeza...
Los cumpleaños siempre me gustaron, por todo eso de recibir cariño y demás... pero desde que cumplí treinta, inevitablemente los días antes, no me caen tan bien. Después se me pasa, ese día me llaman, me dicen que me quieren y nos juntamos a comer rico y tomar mucho. Terminan siendo noches memorables que terminan de día y cuando me doy cuenta ya está. Pero ahora, por unos días, no me gusta mucho la idea...
Y sólo a mi se me ocurre poner como fin de la encuesta del costado la fecha en mi cumpleaños... Ahora lo tengo ahí latente, como una cuenta regresiva... y faltan 28 días... y serán 31.
Partenaire: Ese término es casi como un homenaje a mi a miga R, porque no le gusta decir que tiene novio... o chongo, según el caso.